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Investigacion y cultura el ineludible futuro sera la interculturalidad contextualizada

Rev. Adrien NTABONA

Introducción
El Centro de Investigación para la Inculturación y el Desarrollo (CRID) ha comprendido y comprende siempre por inculturación el hecho que penetra la fe, fecunda y transforma una cultura, hasta el punto que la fe se convierte en cultura y la cultura en fe.
Este compromiso a largo plazo empezó en 1.992 con el tema de la familia. Pero el contexto de la sub-región no ha permitido continuar esta fundamental investigación. El CRID ha tenido que dar prioridad a la lucha por la vida y la supervivencia, investigando sobre la cultura de la paz. Y, a propósito de la inculturación, otra dimensión ha podido venir a la luz a este respecto: la inculturación horizontal referida a la fe y que debe preceder a la vertical.
Sobre la base de una experiencia largamente madurada, por inculturación horizontal el CRID ha llegado a entender el hecho que valores extraños a una cultura, la penetran, la fecundan y la transforman de manera armoniosa y dinamizante, hasta el punto que se produce un maridaje entre tradición y modernidad, unidas a un humanismo de síntesis que permite construir lo nuevo sobre el tronco viejo. Esta precisión conceptual emerge de la búsqueda hecha sobre la institución de los “Bashingantahe” o sea los “sabios” con el fin de proponer al País referencias vivientes para la cultura de la paz.
Y hoy que la búsqueda continúa, esta visión ha hecho aflorar un tercer concepto: el de la “inter – culturación”, o, dicho de otra manera, el hecho que valores locales y valores omologados por la comunidad internacional entran en una operación de amalgama contextualizada, que permite una penetración, una fecundación y una transformación recíproca; brevemente, son como rocas que emergen del agua y en las que otros actores pueden apoyarse para no caer y ahogarse, a causa de los vértigos provocados por una mundialización ávida, agresiva, invasora y voraz, al menos en algunos lugares y en las zonas periféricas.
En el presente artículo se tratará de es última perspectiva. Pondremos más profundamente el problema de la globalización en general y el de la confusión conceptual en particular. Después afrontaremos las fuerzas centrífugas que genera todo esto, para poner en los espíritus la inter-culturalización y la re-humanización que se persigue como el ineludible futuro.

I. Planteamiento del problema
Frente a las exigencias de la mundialización, es indispensable un trabajo global de renovación. A derecha e izquierda del mundo, los espíritus no están aún a la altura de las exigencias de desarrollo duradero y abierto a la mundialización. Este problema no afecta solamente a las masas populares, sino también y bajo todos los aspectos, a los líderes en los diversos niveles. En la escala mundial nos estamos convirtiendo cada vez más como los animales enfermos de peste. No todos murieron, dice La Fontaine, pero a todos afectó la peste.

Bastantes líderes por ejemplo, vistos los requisitos puestos por la comunidad internacional, juegan a la democracia, mientras tienen un “programa político” escondido: el de un Poder para el tener o para la colocación de sí mismos o de los “suyos”, domesticando a la población y acariciando con este objetivo, cuerdas a menudo reductivas. El problema del encariñamiento con el Poder, como peso psico-físico, es que recae inevitablemente sobre las masas, es verdaderamente uno de los mayores obstáculos para una sana mundialización, ya que causa la destrucción de los espíritus y una gran confusión conceptual que contamina todo… 

II. La cuestión de la confusión conceptual
Esta domesticación de las conciencias pasa por bastantes canales, entre ellos los integrismos de todo calibre, a veces con formas de fanatismo maniqueo que pone todo lo que hay de bueno en la parte del “nosotros” creado con arte; y todo lo que hay de execrable en la parte del “vosotros”, creado con más arte todavía. Ningún País hay está al resguardo de esta tentación, favorecida por el contexto del terrorismo mundial.

De aquí a la desestructuración y a la destrucción de las vidas humanas y de los bienes situados en la parte del “vosotros”, no hay más que un paso, que puede llegar hasta el genocidio como en Rwanda y en Burundi, donde el etnocentrismo totalitario se ha desarrollado y todavía se desarrolla, en el trasfondo de una aparente aspiración a la democracia. Un flagelo parecido se puede encontrar en otros lugares bajo otras formas, si no se está atentos. Los ejemplos llenan los ojos, siempre en una confusión conceptual de las más refinadas.
Conflictos de grupos hay en todo el mundo. Cuando no son abiertos, están al menos latentes. Si las masacres no explotan, es porque este grupo o el otro no ha decidido todavía la exterminación de este o el otro grupo. De otro modo tendríamos Rwandas y Burundis en toda África y quizá también en otras partes del mundo. Es necesario, por tanto, prevenir esto en todas parte, a toda costa. Si no, la comunicación “azimutale” a escala planetaria, puede confundir mayormente los paisajes políticos, desconcertar los espíritus y, dado que la distancia ya no cuenta, crear laberintos en los recorridos para paralizar los sistemas y exterminar vidas en cualquier lugar.
Las diásporas que nacen a causa de la afloración de los integrismos pueden crear también, a su vez, integrismos de retorno y producir guerras sin fin de naturaleza identidaria. En la antropología filosófica burundesa, para que un hombre pueda actuar debe unificar su vida interior. Es necesario que la inteligencia y la afectividad sensible puedan vibrar al unísono para mover la voluntad. Esto comporta antes que nada un corolario. La mundialización tendría que poner en primer lugar el programa de la formación en los valores, como base de la civilización de los Derechos Humanos: el sentido de la dignidad humana, la democracia, la promoción de la libertad, la tolerancia, la no-violencia activa, la auto-promoción, la autonomía de los medios naturales de la vida.
Este programa debe incluir los estudios y las publicaciones sobre las investigaciones culturales de los pueblos, en materia de búsqueda de armonía, de prevención pacífica de los conflictos; sin olvidar una acción de curación de los espíritus y de la memoria, allí donde la devastación ha sido realizada. Es precisamente por reacción al marasmo resultante de la Segunda Guerra Mundial, que la filosofía de los Derechos Humanos, en el plano formal, ha sido puesta a punto a escala mundial. Hoy, un paso análogo parece imponerse al final de la Guerra Fría. En todo caso en los Países emergentes, la confusión conceptual parece salir también de un paso mental –mal asimilado- por el mundo bipolar hacia el mundo monopolar . Por desgracia este paso ha desarrollado sobre todo un clientelismo rampante de cara a las Grandes Potencias.
Es un éxito a largo plazo. En África, por ejemplo, los contactos entre las culturas han tenido lugar en un contexto de aculturación por sustitución, que ha llevado, aquí y allá a una des-culturación como ninguna otra. Ahora, decir des-culturación significa decir a-moralización criminógena, que es la causa lejana y subyacente de las crisis interminables. Esta es la razón por la que el remedio actual que solo ataca los síntomas políticos, se puede comparar a quien cura las enfermedades llamadas “oportunistas”, como el caso del AIDS, sin intentar atacar directamente la deficiencia inmunológica.
Desde el punto de vista ético, el sistema inmunológico está más o menos en el suelo a escala planetaria. Baste pensar en las familias desestructuradas de los Países occidentales, con divorcios de toda clase y en la desorientación mental de los niños, que no saben a qué carta quedarse. De aquí al bandidaje y a la droga en la fase de la adolescencia, no hay más que un paso. ¿Quién puede extrañarse en estos casos, de la confusión conceptual que esto conlleva? ¿Qué podemos esperar de la masificación de los jóvenes que tienen relaciones sociales sin contactos? ¿Qué sucedería si todo esto asumiera una dimensión planetaria? El problema mundial de fondo, a diestra y siniestra no es, por tanto, en primer lugar, político o económico. Es, antes que nada, axiológico, es decir, unido al sistema de valores que hacen que un hombre sea hombre. Este hombre está en la tierra. La des-culturación radical ha producido en muchos ambientes naturales de la vida un “vacío axiológico” .
Un poco por todo el mundo, nos hemos convertido en una especie de nadadores profundamente obstaculizados en su travesía que buscan desesperadamente donde asirse. Hasta hoy nos asimos ciegamente al “Blanco” pero sin convertirnos para él en un partner real. La “fama africana” atribuye a Houphuet Boigny la frase siguiente: “Dios es grande. Pero también el Blanco es grande”. En otras palabras, lo queramos o no, los “Negros” piensan así son numerosos, con un deseo ardiente de agarrarse a este último, para no ahogarse en el río del vacío antropológico. A todo esto, esta cuestión ha echado ya raíces.
Este vacío resulta de la violencia conceptual que actúa desde el inicio, en el tiempo de la colonización. La misma violencia se hunde hoy con la comunicación audiovisual casi en sentido único, que cada vez más produce un ciudadano extraño en su propio ambiente, ya que, después de la epistemología colonial y post – colonial, ve su mundo con gafas falsas. Intenta conocerse a través de lo que se le dice que es. No tiene ganas de descubrirlo por si mismo. Ha perdido sus puntos de apoyo. Se ha convertido en un hombre de paja, en una marioneta, cera manejable a la que se le puede dar cualquier forma.

III. Consecuencia: desarrollo de las fuerzas centrífugas “azimutali” en África
La pasión, por ejemplo, ha abandonado al africano medio. Está en otro lugar desconocido. Esta es la razón por la que hace todo lo posible por huir hacia otro lugar ignoto. Conoce las insidias de este otro lugar, pero debe partir.

He visto a este propósito una película muy elocuente, gracias a sus sorprendentes imágenes. Un día, unos predicadores advierten la misión de moverse para emigrar a Europa. Enseguida columnas de migrantes se alzan por todas partes. La contraseña es “¡Europa se ha llevado nuestros recursos materiales y humanos. Vayamos a compartirlos con los europeos!” Las columnas se han desplazado hacia el Estrecho de Gibraltar y la puerta ha cedido. Han pasado con fuerza por España, en dirección a la capital europea: Bruxelas. Mientras tanto el Parlamento Europeo se ha reunido sin osar disparar sobre sus asaltantes: “paralizados”. Entonces dos corrientes han dividido el Hemiciclo: la reacción musculosa o el desarrollo real de estos pueblos hacia ellos. Esta última corriente es la que ha prevalecido. Se ha votado un verdadero plan Marshall…
Este es el drama del declive africano en muchos lugares ¿Cómo se puede servir a un continente aniquilado antropológicamente y axiológicamente? ¿Un continente donde solo hay cuerpos, porque el corazón está en otro lugar? Cuando el ambiente rural, convertido en opaco por sus componentes, no atiende más luz que a partir de la ciudad; cuando la ciudad misma, espera luz de otro lugar decididamente e irremediablemente ignoto, la mundialización se convierte en un bulldozer suave de éxitos impredecibles.
Así habiendo perdido sus referencias, las masas africanas se han acostumbrado a obedecer sin comprender, siempre que la orden venga desde lo alto, de los jefes, del “nosotros” bendito, aunque invite a matar. Este es el efecto de la deportación cultural que produce, desde hace un siglo, ciudadanos rotos y desilusionados, que solo quieren la seguridad individual y el beneficio inmediato. Tal es el efecto de un genio creador que se ha secado, dando lugar a la inercia y al letargo: un vacío que espera no importa que, para llenarse: una confusión tejida en los cerebros que entorpece los corazones.
Esta confusión corre el riesgo de hundirse con la actual comunicación “azimutale”, que funciona en el fondo de un vacío axiológico en varios puntos. Por ejemplo se está desarrollando un discurso caluroso, lleno de una fuerte afectividad. El rigor y la coherencia interna de los discursos deja siempre más espacio a la resonancia física y emocional de los mensajes. Aprovechando el vacío axiológico se abre camino una lógica sensorial. De tal modo el hombre se ha fragmentado, es decir, explotado.
Así los debates, en algunos foros, se parecen a lugares ruidosos, donde cada uno, en vez de razonar, resuena a la vibración de los mensajes. Lo cual revela una adolescencia colectiva, donde la concentración rigurosa sobre los conceptos se convierte en pesada, a favor de una cierta aventura intelectual y de un inquinamiento lleno de voces ensordecedoras en el sentido acústico de la palabra. No por nada la sabiduría popular ha inventado el refrán: “Son los recipientes más vacíos los que hacen más ruido”. Esto determina una gran fractura que a su vez comporta una cierta ipnosis de la razón a favor de la pasión. En otras palabras, una exteriorización demasiado empujada por la persona, provocando un adormecimiento de la vida interior, no puede más que llevar a una alienación, o sea al hecho de ser extraños a sí mismos y de recibir órdenes desde el exterior y de lejos. Estos son los efectos de una mundialización en una dirección única, parecida a un bulldozer suave.
De todos modos si se mira a los números, este fenómeno es alarmante, si no se toman en serio las debidas precauciones.

IV. El remedio del futuro es la inter – culturación
Para remediar la situación anteriormente expuesta, es necesario intentar formar rocas sobre las que las masas puedan apoyarse en la confusión existente; apoyos de rotación en torno a los que se puedan suceder evoluciones mejores. Personas que no estén dispuestas a venderse a cualquiera; jóvenes que quieran seriamente preparar el futuro colectivo; no cuentan necesariamente con los adultos, que también están en crisis. En otras palabras, es necesario formar personas – recurso, líderes endógenos, capaces de ser polos de referencias vivas, en los que las masas puedan ver los valores vividos y buscar resueltamente el camino concertado de existencia, un proyecto de sociedad endógena.

La mundialización no puede por tanto conseguir sino es a condición de formar personas que puedan decir. “Si no obedezco a los dictados de mi conciencia y de la interpersonalidad sin fronteras, me mato” “Si no colmo el vacío axiológico y el caos conceptual ambiental, me mato” “Si no obedezco a la inter – culturación, localmente razonada y contextualizada, me mato”. De aquí la importancia de la tríada “re-aculturación, inculturación e inter-culturación” para que la mundialización tenga éxito. La re-aculturación contextualizada es la reapropiación de los valores endógenos en un determinado ambiente de vida para actuar constantemente con todo el corazón y la conciencia, obedeciendo a imperativos interiores y al mismo tiempo abiertos a la interpersonalidad para tener así una identidad en el concierto de las naciones. En cuanto a la inculturación, como se ha dicho antes, esta tiene lugar cuando los datos extraños a la tradición de un país, penetran y fecundan la cultura local, transformándola desde dentro y dejándose transformar hasta el punto que sea posible crear algo nuevo sobre el tronco antiguo.
En el caso específico, estos datos tienen que ser, en primer lugar, los valores de base ya homologados por la comunidad internacional, para crear cualquier sociedad aceptable y frecuentable en el concierto de las naciones. A este respecto, subrayamos el hecho que valores como los Derechos Humanos, la democracia, el buen gobierno, la tolerancia y la no – violencia, son valores ligados a la mundialización pero que merecen ser inculturados para tener acceso duradero a las conciencias. Pero estos valores no deben entrar en los espíritus como en un vacío abierto de par en par o como en un bote de las Danaides, como sucede ahora. Es necesario por tanto, hacer preceder la inculturación de la re-aculturación. Ésta, como ya se ha dicho, consiste en el hecho de reapoderarse de la propia cultura con vistas a convertirla en clave del desarrollo, por usar una expresión de la UNESCO. Por cultura entendemos, antes que nada, el nivel de los valores, o sea, lo que hace que un hombre sea hombre.
Es necesario que los referentes vivos, que hemos auspiciado, puedan tener la oportunidad de apropiarse de los referentes conceptuales locales e internacionales, para hacerse un criterio sólido, en medio de la confusión ambiental; una capacidad de discernimiento frente al actual obstáculo de la comunicación y de la memoria. En este caso, precisamente, la curación de la memoria debe ir acompañada de la curación de las personas y de los grupos.
Sin esta operación de re-axiologización, la mundialización producirá quizá, clientes potenciales, pero partners poco fiables, sin norte, sin puntos de amarre ni de referencia. Ahora se trata de navegar. En sentido propio será por mar o por aire; ¡Y de modo figurado por Internet! El convertirse en parejas, gracias a la mundialización, pero en un contexto parecido, no puede ser más que un mercado de víctimas.
Pero la re-aculturación y la inculturación no son suficientes por sí solas. Si se quedaran confinadas en sí mismas, comportarían un defecto de fabricación, el hecho de tomar como punto de partida los datos extraños a una cultura y como punto de llegada la cultura local. Existe, en cambio, el modo de completarlos con la inter-culturación, o sea partir de la re-aculturación, es decir, de la reapropiación de lo esencial de los valores que hacen que un hombre sea hombre en una cierta cultura, para conjugarlos con los valores homologados mundialmente, haciendo una amalgama razonable y contextualizada de las diferentes fuentes de referencia; para generar una sociedad donde se encuentren lo humano y lo interpersonal sin límites; donde se unan lo local y lo mundial. Cuando hablo de la re-humanización, no creo estar exagerando. Basta fijar la mirada en la violencia que explota en los estadios de fútbol, para darse cuenta que masificación significa, cada vez más, reducir las personas humanas a cosas. Basta también observar el apetito siempre más desmedido de acaparar los bienes de los más débiles, domesticándoles culturalmente y axiológicamente. Basta por fin, abrir los ojos sobre la rabia de matar, suicidándose, si es necesario, que se está difundiendo en el mundo como una marea de combustible vertido por barcos rabiosamente y obstinadamente locos.
En suma, para ser útiles a la mundialización, la inter-culturación debe prestar atención lo más posible a la dimensión espiritual y comunitaria de la persona humana: una vez colocada en el corazón de la mundialización, puede servir de antídoto contra una globalización organizada sobre el fondo de un individualismo primitivo y vulgar, capaz solamente de ayudar al más fuerte a aplastar al más débil; y a hacer que el desafortunado pierda el norte y decida refugiarse en el más fuerte. En este contexto, las migraciones clandestinas, como se ha dicho antes, no pueden sino aumentar, quizá con embarcaciones cualquiera, si es necesario.

V. Solo una inter-culturación que comporte la re-humanización puede producir frutos buenos
Habida cuenta de todo esto, para que la mundialización tenga éxito, es necesario radicalmente dirigirse ante que nada al ser humano en cuanto tal; y a todo el ser humano, sobre todo en todo lo que tiene de sagrado, antes que fundarse solamente en el intercambio de cosas, como hoy, por desgracia sucede, es el caso de las reglas del comercio mundial. Esta semántica reductiva, empujada hasta el extremo, no puede que generar una cosificación de las personas, con todas las consecuencias de violencia conceptual, verbal y física.

Si, al contrario, la persona humana es tomada en ser en la mundialización, las culturas de los pueblos y las de los más débiles serán tenidas en cuenta. Lo subrayo: ¡Las culturas de los más débiles! Y en este tener en cuenta, la cultrura debe estar en primer plano. La cultura, precisamente, es eso a través de lo que el hombre es hombre. Sin ponerla en primer plano, sin poner, por ejemplo, la cultura de los más débiles en el comercio mundial, la globalización económica no desembocará más que en la masacre de los inocentes; solo será un monstruo que vacía a los pobres de su alma; un bulldozer suave que arranca las raíces de los pueblos.
Esto, como ya se ha dicho, solo producirá entre los pobres unos hombres de paja, para los cuales un contrato de negocios u otro, no será más que un pedazo de papel, que envuelve alegremente la ética del comercio mundial. No se gastan bromas con la des-culturación.
En cambio, solamente la inter-culturación contextualizada, como la hemos definido antes, puede fundar la mundialización sobre una buena base. Quien concibe la mundialización conservando el espíritu por el que el hombre no se convierte en hombre si no es a través de la cultura , se decidirá a promover la cultura de los más débiles a escala planetaria en un clima de convergencia mundial y de complementariedad activa. La economía globalizada, por tanto, no tendrá éxito sino poniéndose al servicio de los hombres y de sus culturas, reconocidas como tales a través de las que el hombre se convierte en hombre. Por esta vía, la ciudadanía internacional establecerá los puntos de partida y dará comienzo una descendencia, gracias a la inter-culturación contextualizada, que será la dirección obligada.
En cambio, si el ser humano es reducido a individuo, esto es, materia dotada de cantidad (materia signata cuantitate), no será ciudadano del mundo, sujeto de derechos y deberes, comprendidos y asumidos. Será más bien una cosa (res) más entre las cosas a vender y a comprar: una cosa al servicio de otras cosas, convertidas en ídolos, con el pensamiento único como base. Los bienes de la tierra no pertenecerán al hombre, sino que será el hombre quien pertenezca a ellas, con toda la sujeción que se quiera; con toda la esclavitud que consigan.
Y entonces la mundialización podrá ser el zócalo de la esclavitud pos-moderna, provocando a continuación reivindicaciones identidarias, tentaculares e interminables, acompañadas de formas de violencia todavía más identidaria que paralizarían los intercambios mundiales. No se hace semántica reductiva impunemente sobre todo en cuanto que el reductivismo vacía lo esencial desde el punto de vista axiológico. Y no se puede salvar la tierra si no es salvando al hombre. Y no se salva al hombre si no se salva la cultura. Con esto, no se puede comerciar de modo sano a escala planetaria que dilatando los espíritus y los corazones, para establecer los puntos de apoyo de una familia sin fronteras, precisamente por la inculturación contextualizada. Es necesario, a este fin, un nuevo pacto. Después de la Segunda Guerra Mundial, ha tenido lugar un pacto. Esto ha permitido a la actual insistencia sobre la civilización de los Derechos Humanos de afirmarse. Este pacto hoy carece de valor por parte de los que lo deberían poner en práctica.
Hoy es necesario, de todas formas un pacto nuevo que subraye los deberes del hombre, obligándolo a tener unidos –constantemente- espiritualidad, solidaridad y corresponsabilidad a escala local y al mismo tiempo a escala planetaria, como debe ser en cada cuerpo orgánico, seriamente considerado.
La ética de la corresponsabilidad integral y global, debe presidir la mundialización pasando por la inter-culturación contextualizada, sobre todo a nivel de valores. Hasta hoy en efecto, Occidente no se ha preocupado de comprender los valores puestos en la base de las costumbres africanas, para quien han quedado oscuros. De esto se ha derivado un enorme malentendido: la famosa confusión conceptual antes definida.
Si por tanto en la inter-culturación contextualizada no se ve en primer lugar a nivel de valores, los intercambios en el campo de la expresión y de los instrumentos culturales, solo serán folklore para divertir al público y añadir placer a más placer entre los pueblos saciados, llevando siempre más hambre a los que tienen hambre. Si, también, el nivel de los valores no se consigue con la inculturación auspiciada, a la situación de los débiles no les queda más que tragar serpientes, como la de dejarse despojar, con la sonrisa en los labios, entre abundantes aplausos.

Conclusión
Se necesita tiempo para que esto se pueda realizar. Es lo mínimo. De todos modos, el tiempo destruye todo lo que se hace sin eso. Es necesario imaginar, por ejemplo, que los países africanos son comparables a las ranas de la Alegoría, que cayeron en un gran recipiente de leche. Y en vez de desanimarse y ahogarse, decidieron moverse lo más posible. Tanto más se movieron cuanto más batieron la leche.

Entonces, cuando a la leche se le somete a este ejercicio, produce progresivamente mantequilla. Eso es lo que sucede: se ha producido una buena mantequilla. Y las ranas han salido a la superficie, con la cabeza alta, y han salido del recipiente con mayor vigor. Es el trabajo de la re-aculturación, antes definida, como previo a la inter-culturación. Esta no se conquistará si no es a condición de empezar a moverse cada vez más en la famosa leche.
Precisamente, la mayor parte de los países africanos, no han caído en el ácido, sino en la leche. Tienen valores que, por el momento, están bajo la ceniza, de otra manera serán enterrados bajo los escombros. Es necesario por tanto, desenterrarlos y vigorizarlos. Esto es obra de la re-aculturación y de la reasologización de la que nunca se subraya suficientemente su importancia.
Por otra parte, para ellos, la apertura a la inter-culturalidad sin fronteras está ya conquistada. Se trata de enseñarles a escoger y a navegar para llegar a buen puerto, en un clima hecho, al mismo tiempo, de inculturación y de inter-culturación contextualizada. Este es el trabajo que se ha propuesto hacer el Centro de Investigaciones para la Inculturación y el Desarrollo (CRID), que el autor de estas líneas ha tenido la alegría de iniciar y dirigir. Ya se ha publicado mucho sobre el tema. Pero el terreno está lleno de trampas. El CRID, por tanto, se alegraría mucho si otros servicios y organismos pudieran colaborar para conseguir juntos resultados tangibles y difundibles.
De todas formas, el futuro es de los que buscan y luchan en el terreno axiológico a escala planetaria creando, al principio, unas “élites” en este sentido. Cuando hablo de élites no digo dignatarios, quiero decir personas-recurso, polos de referencia, referencias vivientes de cualquier condición social a la que pertenezcan.


II Encuentro Continental Africano
SEREIS MIS TESTIGOS EN AFRICA. Realidad, retos y perspectivas para la formación y la misón de los fieles laicos. La aportación de la Acción Católica/2 – Bujumbura, 21-25 de agosto de 2002

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